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Jun 25

La Historia Oculta: Rencillas y chismes entre los caudillos cojedeños que combatían la Revolución Libertadora (1902-1903)

 

El chisme no se privó durante la lucha contra la Revolución Libertadora.

Argenis Agüero

El chisme está asociado a la cotidianidad de la existencia humana, es un “susurro” intencionado que comúnmente está orientado a tergiversar las percepciones en otras personas, generalmente en función del interés propio. Según lo conceptualiza Lourdes Pietrosemoli (Lengua y habla N°13; 2009; ULA Mérida): ”El chisme es una conversación evaluativa entre personas que tienen familiaridad entre sí, sobre asuntos que conciernen a una tercera persona que no está presente. Esta actividad ha sido comúnmente execrada a partir del aspecto nocivo que puedan tener sus consecuencias. De hecho, muchas religiones lo han clasificado como una especie de pecado”.

En el presente artículo se abordan algunos casos donde aflora el chisme prevalente entre los caudillos cojedeños que participaron en la lucha contra la denominada Revolución Libertadora (1902-1903); tal es el caso del sancarleño Isaías Lazo, los tinaquilleros Julio C. Silva Gómez y Juan Francisco Pérez Arroyo, y el paoeño Ángel Díaz Arana, todos ellos estrechamente vinculados al gobierno de Cipriano Castro en la región cojedeña.

 Juan Francisco Pérez Arroyo

En primer lugar tenemos el caso del Comandante Juan Francisco Pérez Arroyo, un viejo caudillo tinaquillero que ocupó importante figuración en la guerra federal (1859-63), dentro del bando gubernamental; en 1902 se alineó con las fuerzas del Presidente Cipriano Castro, y el 29 de enero de ese año, desde Tinaquillo, le dirige una carta al General Manuel Modesto Gallegos cuyo contenido encaja en el perfil del chisme, iniciando sus palabras con el característico desprendimiento que asumen los chismosos:

Interesado como el que más por el restablecimiento de la paz pública y porque el honorable señor General Cipriano Castro, libre de tantos ambiciosos y de tantas nulidades engreídas, pueda con entera libertad hacer el bien a esta infortunada Patria, he creído conveniente hacer a Ud algunas indicaciones que habrían de servir de mucho para el pronto restablecimiento de la paz en este Estado”.

Luego pasa a aportar información acerca del movimiento de la guerra en la región, dejando ver, a su manera, el lado negativo de los jefes del gobierno:

“En primer lugar debo decirle que el General Batalla unido a Loreto Lima y otros del Estado están trabajando activamente por enguachafitar a Cojedes y Portuguesa, debido a que no tienen ninguna persecución (…) En estos días se alzó en Tinaco un Coronel Julio Sánchez y en la plaza de San Carlos antenoche el General Santiago Sánchez con un piquete de caballería del gobierno, llevándose al jefe de la policía y otros más de a caballo (…) Estos alzamientos, juzgo yo que continuaran en el Estado, y ocasionaran grandes males al gobierno si el General Castro no manda inmediatamente un Comandante de armas de orden y de toda su confianza que asuma el mando del ejército de Cojedes, y se entienda directamente con el Ejecutivo Nacional. En este Distrito no se pagan empleados públicos ni preceptores de escuelas porque las rentas del municipio las emplean para el pago de las tropas, y yo no veo tales tropas ni cosa que lo valga. Y no dude Ud que cualquier día amanezca la noticia de haberse alzado alguien en esta localidad porque las actuales autoridades no inspiran ninguna confianza, ni son queridas del pueblo. Un señor Carlos Asloum, de gloriosas memorias, es el Jefe Civil del Distrito, con gran sorpresa de esta culta sociedad; y puede juzgar Ud quien será ese señor cuando él mismo dice: Que donde no hay desorden se va. Un señor Pablo J. Tirado, favorito de Montenegro es el Rector del colegio Castro, presidente del Concejo Municipal, redactor de El Reclamo y director de la política del Distrito, venido ayer no más de Montalbán solicitando un empleo. Ningún hijo de Tinaquillo ha sido favorecido con puestos públicos y nos invade una partida de forasteros dueños de todos los destinos públicos (…) Esta carta es reservada porque muchas veces las verdades que se dicen son amargas y no quiero exponerme a un carcelazo. Si no creyeran allá en mi veracidad pueden mandar una persona de confianza que vea por sus propios ojos, y pulse la opinión de Cojedes. Puedo asegurarle a Ud que mientras el General Batalla se encuentre en estos llanos no está asegurada la paz del Estado ni la paz de la República.

 Para cerrar la carta, Pérez Arroyo se presenta envuelto en un manto de filantropía a la vez que lanza el dardo contra el presidente del Estado y su cuñado:

“Debo repetirle otra vez mas que ni mis hijos ni yo somos políticos, ni aspiramos a puestos públicos; pero si somos partidarios incondicionales del gobierno que preside el benemérito General Castro y rogamos al Ser Supremo le conserve la salud y le de aciertos bastantes para dirigir con tino la nave del Estado.

Para terminar, quiero consignarle mi opinión en este asunto, aunque ella no vale nada. Creo pues, que el disgusto general que se nota en Cojedes obedece más bien a que Montenegro se ha dejado dominar con su cuñado Julio C. Silva y (que nadie lo quiere) lo ha favorecido con el nombramiento de primer Vicepresidente del Estado, Senador suplente al Congreso y Comandante de las fuerzas del Estado. Ud sabe que Montenegro se la pasa enfermo y siempre ha visto las cosas como quien mira llover y nada le preocupa, ni se apersona a los grandes deberes que tiene que cumplir. Y puedo asegurarle a Ud, que si no vienen tropas de fuera, la revolución tomará cuerpo muy pronto, y quien viviere lo verá”.

Isaías Lazo

Dos meses y medio más tarde el sancarleño Isaías Lazo, desde Valencia, le escribe a Cipriano Castro dándole informes, a la vez que lanza sus dardos contra el presidente del Estado:

Bajo muy malas impresiones y cumpliendo con el deber de la amistad que a Ud me une, me dirijo hoy a Ud con el objeto de ponerlo al corriente de noticias que de los pueblos de Cojedes y transmitidas por personas verídicas llegadas ayer de aquellos lugares he recibido. Según me han dicho a los aledaños de San Carlos existen fuerzas revolucionarias de alguna consideración, mandadas por Santiago Sánchez, Angarita, Coromoto Alva y otros, y antier tarde se pronunció por la revolución el Jefe Civil de Tinaquillo, General Manuel Ignacio Rodríguez, y a la vez se alzaban en armas otras guerrillas en Taguanes, Cachimique (Cachinche) y El Naipe, reuniendo todas un mínimo de hombres como de 300, pero muy mal armados, pues el individuo que me da esos informes me dice que a lo sumo tienen 50 fusiles. Lo más grave en mi concepto de todo esto es: que los revolucionarios últimamente alzados según los informes que he recibido vitorean al General Julio Montenegro, hecho que no me explico siendo el presidente de aquel Estado (…) Mi amigo, vea Ud esto con cuidado y crea que los informes que le transmito merecen crédito”.

 Julio C. Silva Gómez

General Julio Silva.

El 24 de enero de 1903 el General Julio C. Silva (aludido por Pérez Arroyo) le escribe a Cipriano Castro y aprovecha la ocasión para atacar a un poderoso rival dentro de su mismo bando:

Por mis telegramas estará Ud enterado de todos lo ocurrido por acá. En el Distrito Pao se han incorporado las guerrillas nacionalistas al General Díaz Arana en número de doscientos hombres, salvo la del General Pedro Antonio Matute, que aunque el General Díaz comunicó que estaba entendido con él, a la fecha no está reconcentrado, y así se lo informé a UD por telégrafo, dándole cuenta además de los desmanes que a nombre del gobierno cometía dicho General Matute en caseríos de la jurisdicción Tinaco. En el Estado existen como cuatrocientos hombres en cuarteles, los que son más que suficientes para acabar con las guerrillas revolucionarias que merodean en el Estado, y ya debería haber terminado la guerra aquí, pero, y es preciso decírselo y en ello creo cumplir con el deber de un servidor honrado y leal, hay inercia en las operaciones militares, a tal punto que tenemos ya un mes aquí y se ha dejado la obra de la pacificación de los cuatro Distritos que nos faltan a la buena voluntad del General Díaz, y ello da lugar a que las autoridades que van quedando en esas poblaciones son exigidas por él y por consiguiente elementos que solo obedecen sus órdenes, y no creo sea discreto que los que hasta ayer fueron enemigos jurados de la causa Liberal Restauradora y de Ud, queden gobernando esos Distritos con fuerzas tan numerosas. El General Arvelo estuvo aquí acuartelado 17 días, tiempo suficiente para haber recuperado dichos Distritos en una recorrida triunfal, pero no se le ordenó así…

Como aún tenemos pues, por recuperar a El Baúl, Lagunitas y Cojedes, y para no aparecer como ineptos ante el concepto público, yo me permito suplicarle ordene al General Linares su ocupación inmediata, o que me auxilie con fuerzas aquí para ir yo a hacerlo, como ya lo hubiera efectuado a no ser porque no dispongo como fuerzas supernumerarias del Estado sino de 90 hombres que hacen la guarnición de Tinaco y Tinaquillo y no se pueden movilizar”.

Ángel Díaz Arana

 

General Díaz Arana.

El 20 de abril de 1903 el General Ángel Díaz Arana (bombardeado por Julio Silva) le escribe desde Valencia a Cipriano Castro, y en su misiva ataca al presidente del Estado (Montenegro):

Para probar a Ud una vez más el proceder incorrecto del gobierno de Cojedes y sus compromisos con los revolucionarios, sírvase pedir al General Víctor Rodríguez el telegrama que le puso el Jefe Civil de Tinaquillo, Carlos Lacan, con motivo de la prisión del General Mercado y más; Julián Solórzano indultado por Julio Silva G., y a quien dejó este las armas y gente, se me informa que está al servicio de la revolución. Más todavía, Martínez Lecuna, jefe de la guarnición del Pao invadió mi hato Paraima, robó a los vecinos, fue hasta la casa mercantil del súbdito francés Miguel González de la cual soy socio. El francés González me dice que espera mi resolución para hacer su reclamo ante el Cónsul y yo espero sus órdenes en este asunto. Seguramente que esta persecución es porque soy amigo de Ud. Pues la tempestad no se desencadena sino contra sus amigos. No hay pues, garantías para mí y sería exponerme si intentara ir a mis posesiones. De manera que si Ud no me garantiza ante el gobierno del Estado, seguirán en abandono mis intereses, todo lo cual sería nada si Ud me necesitase y pudiera serle útil.

Mi amigo General, si es cierto que la revolución de occidente avanza hacia el centro y ocupa a San Felipe y Acarigua como dicen, no dude un instante que el gobierno de Cojedes prestará todo su contingente al mayor desenvolvimiento enemigo. Esto se lo he dicho a Ud verbalmente y se lo reitero a Ud ahora para decirle una vez más que yo estoy a sus órdenes para servirlo con lealtad y con decisión, que es la divisa que han de llevar los servidores de Usted. Avíseme si debo ir a Caracas para recibir sus órdenes”.

Tal como podemos apreciar en los textos presentados, entre 1902 y 1903 se produjo un verdadero torneo de chismes e intrigas entre los jefes gubernamentales que combatían a la Revolución Libertadora, cada uno de los cuales inyectaba su “cicuta” a las palabras que le escribían al General Cipriano Castro, con la intención de ganarse su acercamiento, a la vez que procuraban socavar la confianza en los otros que, aunque actuaban en el mismo bando, rivalizaban en la conquista de espacios afectivos y los favores del Cabito.

Presidente de Venezuela, General Cipriano Castro (El Cabito).

 

Nota: Las cartas citadas aquí fueron consultadas en los Boletines del Archivo Histórico de Miraflores siguientes: N° 25-26-27, año 1963; N° 14, año 1961; y N° 4, año 1960.

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