«

»

Mar 19

LA HISTORIA OCULTA: Relaciones topográficas del territorio cojedeño en el siglo XIX (IV)

 

Argenis Agüero.-

 

En Tinaco.- El viajero alemán Appun llegó a Tinaco y allí se alojó en una pulpería, lugar del cual ofrece la siguiente descripción: “Se veía mucha actividad en la amplia casa de la pulpería, en cuyas diferentes alas, así como en el gran patio, se albergaba gran cantidad de las más variadas clases de viajeros con sus bestias. Caballeros, señoritas, arrieros, peones e incluso el vagabundo andrajoso, sentados en bancos, hamacas, sillas mecedoras y en el puro suelo, estaban sentados aquí, ofreciendo una interesante y fiel imagen de la vida venezolana. Llegaban continuamente nuevos viajeros, otros partían, mientras unas tropas de mulas se abrían paso a través de la muchedumbre en el espacioso patio, acompañadas por el arriero que, sentado como un caballero en una mula muy ataviada, llevaba la daga y el trabuco (…) Había a esta hora el más fuerte barullo, pues los viajeros acostumbran almorzar y pasar durmiendo las horas más cálidas, para continuar su viaje a las dos o a las tres, disminuido un poco el calor”.

Estando allí en Tinaco, Appun presenció una práctica que se usaba para sanar el maltratado lomo de las bestias, como lo es el lavarlos con orina, lo cual le pareció asqueroso según sus propias palabras: “Por primera vez habría de conocer una costumbre de los arrieros en viaje, aunque repugna mucho al concepto europeo de la decencia. Uno de los arrieros, con porte de caballero, había llegado con una notable arrea de mulas, que resultaron maltratadas en el lomo por el peso de su carga, al ser descargadas por los peones acompañantes. Examinadas las bestias por el arriero, soltó este una gran totuma que pendía de una de las cargas, se acercó a los huéspedes varones aquí reunidos y, cambiando con ellos unas palabras, les entregó el envase; ellos lo aceptaron, se retiraron a un rincón y volvieron después de un rato, para entregarle la totuma. De lo más extrañado al ver mendigar, como pensaba, a un hombre bien vestido, me extrañó aún más cuando pronto se acercó a mí y a mis compañeros y me pasó la totuma con las palabras: Hágame el favor sus aguas. (…) Lavar con la orina es, por cierto, un medio muy recomendado para curar aquellas partes de la piel de las bestias que han sido maltratadas por la carga; incluso las negras y la gente dolor se lavan con ella diariamente la cara, y a menudo también el cuerpo de los recién nacidos”.

El naturalista pasó varios días en Tinaco y luego continuó su viaje hacia Tinaquillo, del cual ofrece la siguiente descripción: “Como en el viaje a las galeras del Pao, nos adentramos pronto otra vez por regiones montañosas, formadas por una continuación de aquellas galeras aunque no tan elevadas. Solo algunas montañas a cuyo pie pasa el camino, alcanzan quizá una altura de 1.500 a 3.000 pies. Se destaca entre ellas el Tiramuto, con una altura de 3.290 pies, debido a su situación aislada, su elevación empinada y su cumbre de meseta. Pasamos por él en horas de la tarde. Los alrededores eran muy románticos. Un bello río con un bosque oscuro, e inmediatamente junto a él un pueblecito con ranchos de bambú graciosamente construidos, dominados por unos cocoteros y palmeras de vino; por detrás se elevaba la desnuda montaña pardo-rojiza con su meseta  de formas tan extrañas y sus sombras morado oscuro (…) El camino serpenteaba cuesta arriba, por verdes sabanas, pasando a través de unas casas rústicas bien construidas que, situadas entre el oscuro verde espeso de mangos y palmeras recargadas, formaban el pueblo de Mapurite”.

De Tinaco a Tinaquillo

El viajero pernoctó esa noche en un lugar denominado “Hoyo de Mapurite” en “una de las angostas chozas calientes” y en la mañana siguiente siguió en su viaje tal como lo tenía programado: “La vía montañosa atravesaba aun semejantes paisajes desiertos, hasta que por fin la región se hizo más abierta y aparecieron pequeñas aldeas graciosas. La Palma, entre ellas la primera, se hallaba en un angosto valle de encantadoras cercanías. Constaba de unos edificios grandes, aunque bajos, que, sirviendo de albergues, estaban colmados de viajeros. Un maravilloso ejemplar de palmera redonda dominaba, cerca del edificio, un espeso matorral de tamarindos, cujíes y mangos”.

Las Palmas, Cojedes.

Lo antes descrito corresponde al actual caserío “Las Palmas”, ubicado en el municipio Lima Blanco, lugar donde existían posadas por ser sitio de obligatoria pernocta en razón de su estratégica ubicación debido a la equidistancia entre Tinaco y Tinaquillo; allí pernoctó el Obispo Martí en 1781, y luego numerosos viajeros lo hicieron, entre ellos el Libertador. Cabe señalar que allí el científico alemán refiere la existencia de árboles de mango, igual como lo refiere en El Pao, en las cercanías de El Baúl y en el caserío que él denomina Mapurite, con lo cual se comprueba la existencia del mango en Cojedes desde comienzos del siglo XIX o acaso de finales del siglo XVIII, ya que este naturalista en ocasiones habla de la frondosidad de estas plantas, claro indicador de que las mismas llevaban allí más de cincuenta años, tiempo aproximado que tarda este árbol para alcanzar la mencionada frondosidad.

Después de su paso por el caserío Las Palmas, donde por cierto no pernoctó pues lo había hecho en “Hoyo de Mapurite”, el viajero continuó su viaje y así lo narra: “Después de haberme desayunado en la aldea de Tinacú, gocé de un baño agradable en el río cercano. Por la tarde llegué a dos casas aisladas, llamadas Los Pegones, donde descansé por espacio de algunas horas, y mantuve una conversación muy amena con algunas bellas señoritas casi blancas y muy cultas. Muy a mi pesar, el arriero urgió que continuáramos el viaje. De otro modo me hubiera gustado mucho pernoctar en aquel lugar que guardaba tan esplendidos tesoros. Sumamente disgustado, tuve que someterme a la voluntad de aquel hombre terco, que quería llegar a Tinaquillo aun en el curso del día. Seguimos pues, a través de la sabana hacia el pueblo de Tacamajaca, que no estaba muy lejano. Estaba tan lleno de arrieros y ganaderos que, sin pararme, mandé al arriero a que continuara guiando los burros, aunque él tenía grandes ganas de descansar allí y fortalecerse con unos tragos, los cuales le había prohibido tomar en Los Pegones a causa de su conducta imperiosa.

En Tinaquillo

Como vemos, al viajero alemán tuvo serias desavenencias con su arriero y guía, ocasionadas porque mientras Appun, atraído por la belleza de las féminas que allí conoció deseaba pernoctar en Los Pegones y el guía se opuso, este n cambio pretendió pernoctar en el caserío Tacamajaca con la intención de tomarse unos tragos de licor en dicho lugar, lo cual le fue impedido por el distinguido viajero, teniendo entonces que llegar hasta Tinaquillo donde pernoctaron, tal como lo refiere en sus escritos: “Pronto llegamos al pueblo más grande, de Tinaquillo, donde pensaba pasar la noche y el día siguiente. Aunque es más pequeño que Tinaco, es sin embargo, más bonito por sus construcciones. Posee una amplia plaza cuadrada, plantada con mucho gusto y rodeada de grandes casas lindas. Todos los pueblos situados al lado de este camino real, por el bonito estilo, por sus grandes tiendas y movimiento, son la mejor prueba del importante comercio y bienestar de sus habitantes”.

Tan solo la pequeña descripción antes reseñada es lo que ofrece de Tinaquillo este viajero alemán, quien a paso apresurado y con poca narración sale de Tinaquillo hacia Valencia escribe en sus notas: “La carretera de Tinaquillo a Carabobo conduce a través de una región maravillosa por valles y montañas y atraviesa claros ríos, por cuyas riberas se extienden amenos bosquecillos y lindas aldeas que poseen lindos edificios rurales”.

Las postrimerías del siglo XIX analizadas por Cunill Grau

A finales del siglo XIX la comprensión del territorio cojedeño es abordada por el geógrafo Pedro Cunill Grau en su obra “Geografía del poblamiento venezolano siglo XIX”, volumen III, allí comenta: “A niveles de comparación nacional es muy importante en los últimos decenios del siglo XIX el poblamiento de los paisajes de la subregión de Cojedes (…) que los lleva a contar con 85.678 habitantes en 1873. Ello se debe a una convergencia de factores, entre los cuales destacan un mejor acceso a plazas mercantiles del centro del país y fáciles vías fluviales hacia San Fernando de Apure (…) Sin embargo, en esos mismos años se inicia una contracción del poblamiento en las tierras bajas al intensificarse la mortalidad por el paludismo y otras epidemias (…) la población total de la subregión de Cojedes desciende a 83.792 en 1881 para solo recuperarse temporalmente con 87.935 habitantes en 1891”.

Pedro Cunill, autor de la obra “Geografía del poblamiento venezolano siglo XIX”.

Cunill al señalar el crecimiento poblacional de Cojedes refiere: “Desde mediados del siglo XIX se va registrando un alto poblamiento en la zona de contacto entre la Serranía del Interior y estos Altos Llanos Centrales. Es sostenido e importante un movimiento de colonización criolla espontanea en las tierras más altas de la Serranía al norte de San Carlos por la explotación del café en las décadas de 1850 y 1860. Así el pueblo de Manrique y sus entornos rurales llegan a 2.693 habitantes en 1873 para subir a 3.840 habitantes en 1881”, y el autor al citar textualmente lo expuesto en los “Apuntes estadísticos del Estado Cojedes en 1876” señala:“El pueblo de Manrique casi todo de palma y situado en una altiplanicie bastante elevada, donde reina constante un clima fresco y puro es la cabecera de esta parroquia (…) casi toda esta montaña se ha convertido en plantaciones de café que producen más de veinte mil quintales de este fruto anualmente, y frutos menores. En menor escala y más matizado se observa también la influencia cafetalera en el poblamiento a menor altura de San José de Mapuey que llega a 2.110 habitantes en 1873”. El afamado geógrafo aborda cada sector de la región cojedeña en su análisis, así vemos que comenta: “En Tinaco se concentra su poblamiento en la ciudad homónima, repartiéndose el resto en caseríos menores y en conucos y en hatos dispersos. Aquí el conjunto poblacional sube de 12.257 habitantes en 1873 a 13.054 en 1881. En 1873 el hábitat concentrado en la ciudad de Tinaco comprende 387 casas, mientras que el hábitat disperso en conucos, hatos y caseríos pequeños cuenta con 1.320 casas. En los últimos años del siglo XIX la ciudad de Tinaco presenta el aspecto de una próspera ciudad comercial con alrededor de un centenar de establecimientos mercantiles que aprovechan la situación nodal del núcleo urbano en relación con Valencia, Puerto cabello, Barquisimeto y en el marco local con El Baúl, Tinaquillo, San Carlos y El Pao. La apertura de la nueva carretera con Valencia en 1877 la beneficia singularmente (…) en contrapartida esta carretera ha arruinado a varios propietarios de más de mil burros que se empleaban en 125 arreos de ocho burros cada uno, lo mismo que a algunos artesanos como los zapateros, que no pueden resistir la competencia de las industrias de calzado de valencia y Puerto Cabello (…) Coetáneamente prospera Tinaquillo con 23 caseríos dependientes que conforman el Departamento Falcón, que sube de 11.696 habitantes en 1873 a 15.132 en 1881. El núcleo básico se estructura en la ciudad de Tinaquillo (…) su hábitat urbano se ha consolidado con 261 casas de techo de palmas matizadas con 33 casas de techo de teja y paja, y 75 casas con techo de teja. Por su condición de ciudad de paso en su recinto destacan posadas, tiendas, pulperías, herrerías, viviendas de arrieros. También se desenvuelven talleres artesanales, tenerías, talabarterías”.

Luego de las cuatro entregas semanales que ofrecí, los lectores han de tener una idea más clara acerca de lo que fue el contexto regional cojedeño durante el siglo XIX, y quizá puedan encontrar allí, en gran medida, una mejor comprensión de su evolución hasta el presente.

//pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js

Deja un comentario

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!